RUTA DE ALFARERÍA                    

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La tradición de la alfarería de Agost se remonta, al siglo XVIII. Por falta de estudios sistemáticos de arqueología y de archivo, en este momento no podemos decir más. Como testigo de aquellos tiempos nos queda la ermita, fundada en 1821 y dedicada a Santa Justa y Santa Rufina, las patronas del oficio.

 Los primeros talleres eran pequeños, prácticamente viviendas-talleres en la calle Alfarería, cerca de la fuente.

Esta fuente llamada también “l’abeuraor”, fue utilizada para abastecerse de agua, al menos desde finales del s. XVIII como ya nos cuenta Cabanilles en su Historia Natural donde describe el pueblo de Agost y cita las primeras alfarerías{...Todos son labradores excepto un corto número de alfareros....} Esto nos indica que ya existían las primeras alfarerías situadas en la calle del mismo nombre cercana a esta fuente que servía de abastecimiento de agua a las mismas así como a los vecinos de esta población que acudían a ella con sus cántaros a recoger agua.

 Cantarilla

 que muchas veces va a la fuente,

 o deja el asa o la frente.

 

No hace tanto tiempo que el cántaro ha sido una de las piezas más necesitadas en todas las casas. Aparece tanto en pinturas, como en dichos, refranes o adivinanzas populares. Aún hoy día es frecuente el uso de la expresión: Llueve a cántaros.

La mayoría de los cántaros son de cerámica porosa sin barniz porque estaban destinados a contener agua.

Agost gracias a su mercado ofrecía gran variedad de formas, que se pueden contemplar en el Museo.

Paseando por estas calles hasta la Ermita de las patronas de los alfareros, nos podemos imaginar la distribución que hacían los alfareros de sus trabajos, era una organización gremial, trabajaban en sus casas y las cocciones las realizaban en uno o dos hornos, luego fueron ampliándose y queda aún una alfarería testimonio de esta ampliación, es la alfarería de Tomás Román Beneyto y está en la C/Ventós, detrás de la Ermita.

Como testigo de aquellos tiempos nos queda la ermita, fundada en 1821 gracias a la colaboración de diez alfareros y dedicada a Santa Justa y Santa Rufina, las patronas del oficio. Para visitar la ermita pueden dirigirse a la calle Alfarería nº 25, 39 ó 41.

A finales del siglo XIX, se construyeron las primeras alfarerías con la vivienda familiar adosada, ya más alejadas del casco urbano y acondicionadas para una mayor producción. Como ejemplo tenemos el Museo de Alfarería, Centro Agost y otras alfarerías cerca de estas dos. Como esta ruta incluye la visita al Museo de Alfarería podrán ver con todo detalle la estructura original de una fábrica de principios del XX.

Hoy, las fábricas se encuentran en zonas más amplias en las carreteras principales.

En la actualidad hay 12 alfarerías.

El producto más conocido de la alfarería de Agost es el botijo blanco. Más de 40 modelos diferentes en varios tamaños tienen su origen aquí. Por toda España quedan clientes que lo aprecian por el buen sabor que adquiere el agua.

Seis de las doce alfarerías lo fabrican con las técnicas tradicionales para mantener su calidad. Utilizan las arcillas locales para la preparación del barro y cuecen en los hornos “morunos” o de leña, a fuego directo.

En el Museo de Alfarería se pueden ver todas estas instalaciones y el proceso documentado con fotografías.

Pero también se utilizan pastas y esmaltes comerciales y hornos de nueva tecnología.

Los recuerdos de viaje o “de domingo”, hacen que se fabriquen piezas como: cerditos, macetas, recuerdos de fiestas familiares. Estos son algunos ejemplos de los nuevos productos de Agost.

Los alfareros de Agost tienen fama por su habilidad en el torno. Todas las vasijas fabricadas en Agost están modeladas a mano con la herramienta del torno.

Pero hoy día los que más explotan las buenas arcillas de Agost son sin duda las fábricas de ladrillos y tejas, entre otros materiales de construcción. Aunque no lo parezca todas tienen sus antecedentes en las alfarerías donde sus fundadores recibieron los primeros conocimientos fundamentales de la materia prima: el barro.

Montañas de tierra de distintos colores llaman la atención al visitante que se acerca a Agost sea viniendo desde Alicante / San Vicente del Raspeig o desde Madrid / Novelda.

Tras la visita al Museo, se propone como voluntaria la visita als Terrers dels Pobres, lugar comunal de extracción de arcilla, antes casi  manualmente y hoy día con máquinas, aunque cada vez se utiliza con menos frecuencia. Es un lugar idóneo para los interesados en los fósiles.

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